Por Florentina Guaita y Clarisa Vittoni

Hace dos semanas estuvimos junto al río Paraná, entre el Monumento a la Bandera y las aulas de la Universidad Nacional de Rosario, participando de la décima edición del Congreso Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y Tecnología (COPUCI). Fuimos con una pregunta que nos viene rondando en LAIA: ¿Cómo comunicamos una tecnología que se presenta como opaca, y que parece escaparse de las manos todo el tiempo?

En representación del equipo, compartimos la ponencia “Democratización y soberanía tecnológica: prácticas situadas de comunicación pública de la inteligencia artificial desde una asociación civil interdisciplinaria”.  Lo que intentamos transmitir en el congreso fue la idea de que frente a la inteligencia artificial pareceríamos estar “igualados en la perplejidad”.

Durante mucho tiempo, la comunicación de la ciencia se pensó como una traducción de expertos hacia un público lego. Con la IA, ese modelo cruje. La incertidumbre sobre hacia dónde vamos no es solo de quienes no saben programar; incluso en los sectores técnicos el alcance de lo que está pasando desborda las capacidades.

Frente al optimismo ciego que vende soluciones mágicas o el rechazo absoluto que vaticina el fin del mundo, en LAIA preferimos lo que Donna Haraway llama “seguir con el problema”, y que nosotros nombramos como “optimismo crítico”. En lugar de explicar la IA desde afuera, proponemos habitar el sistema.

El taller como espacio de resistencia

¿Cómo se baja esto a la tierra? En LAIA proponemos principalmente el formato del taller: lo concebimos como espacios vivos donde las personas hacen, prueban, exploran y descubren en equipo. Nosotros coordinamos, estimulamos, eventualmente guiamos y en ocasiones provocamos. Nos interesa más abrir posibilidades que bajar verdades.

Procuramos que cada encuentro tenga algo de descubrimiento colectivo, en un clima de confianza e inclusión. Cultivamos una cultura de prototipo: lo que funciona, lo fortalecemos; lo que no funciona, lo cambiamos. Y siempre valoramos el feedback de quienes participaron.

En el congreso, contamos concretamente nuestra experiencia con dispositivos que buscan que las personas “tomen el control”:

  • Dueñas de los prompts: Un espacio donde especialistas en letras y humanidades usamos el conocimiento sobre el lenguaje para interpelar a modelos de lenguaje de código abierto (o entornado). Fue la forma que encontramos, allá en el lejano 2024, de pasar de la perplejidad al empoderamiento, discutiendo quién define los sentidos en la era de los algoritmos.
  • Calíope: Nuestra interfaz de escritura que, a diferencia de los chats comerciales que escriben por vos, te ofrece una hoja en blanco y te devuelve preguntas para disparar el pensamiento. Es nuestra forma de decir “queremos estar”, potenciando la capacidad humana sin sustituirla.
  • Talleres de escritura híbrida, de iniciación a la programación, de música y audio, de experimentación visual, entre otros.

Lecciones desde el fondo del mar: la fuerza de los equipos, la potencia de las pausas

En esa misma sintonía, pero más bien hundiéndonos en lo profundo del océano, compartimos el espacio con quienes fueron las figuras indiscutidas del encuentro: el equipo del Grupo de Estudios de Mar Profundo (GEMPA). Ellos, junto a las investigadoras María Itatí Rodríguez y Adriana Carísimo, compartieron la trastienda de una expedición que conmovió al país con sus transmisiones en vivo.

Lo que nos resultó más inspirador fue cómo desarmaron el mito del científico solitario. En lugar de alguien que “tira la posta”, mostraron a un equipo que trabaja hace diez años y que se animó a dejar el micrófono abierto para que se escucharan sus chistes, sus asombros y hasta sus errores. Contra la inercia de los contenidos cortos y veloces, propusieron un ritmo propio: una pausa de 245 horas de transmisión que permitió que la gente se quedara mirando cómo se hace la ciencia realmente. En LAIA nos sentimos muy identificados con esa decisión de privilegiar el proceso colectivo y la exploración por sobre el impacto inmediato.

Lo que pasa en los pasillos

Como suele ocurrir, las charlas más interesantes se dieron entre cafés y almuerzos. Intercambiamos miradas con antropólogas, biólogos, paleontólogas y comunicadores de todo el país. Conocimos proyectos como LudumProba, un juego de mesa creado por un equipo de la UNR para rediseñar el aprendizaje de manera colaborativa y conectar con la materialidad.

Volvimos de Rosario convencidas de que las asociaciones civiles tienen un rol clave en el ecosistema de comunicación pública de la ciencia y la tecnología. Al funcionar como espacios flexibles de articulación entre distintos sectores, estas organizaciones facilitan el diálogo entre saberes expertos, desarrollos tecnológicos emergentes, prácticas educativas y experiencias culturales. 

Si tenés ganas de formar parte de esta búsqueda de una tecnología más democrática, el laboratorio tiene las puertas abiertas. A tres años del inicio, sostenemos nuestro lema cada día con más convicción: queremos estar, queremos que estés.