Entre mayo y junio realizamos en LAIA la primera edición presencial y abierta de Corte programado, nuestro taller de iniciación a la programación asistida por inteligencia artificial. Durante cuatro encuentros presenciales, un hackatón opcional y espacios de consulta entre clases, acompañamos a un grupo de participantes provenientes de campos muy diversos en el desarrollo de proyectos propios que combinaron programación, análisis de datos, automatización e inteligencia artificial.
La propuesta nació de una pregunta que atraviesa muchas de nuestras actividades: ¿qué significa programar en una época en la que una IA puede escribir código por nosotros? Frente a la tentación de convertir la programación en una caja negra o en una práctica automática de copiar y pegar, el taller buscó recuperar algo fundamental: la capacidad de comprender los problemas que queremos resolver, formular buenas preguntas y mantener una relación crítica y consciente con las herramientas.
Por eso, desde el primer encuentro trabajamos con una idea sencilla: no hacía falta llegar con experiencia previa ni aspirar a convertirse en desarrollador profesional. Lo importante era tener una inquietud, una tarea para automatizar, una pregunta o la intención de avanzar en un proyecto.
De los fundamentos al proyecto propio
El recorrido comenzó con una introducción a los conceptos básicos de programación en Python utilizando Google Colab. Variables, condicionales, bucles, funciones y módulos aparecieron no como contenidos abstractos, sino como herramientas para pensar procesos, tomar decisiones y transformar información.
En el segundo encuentro nos concentramos en la definición de proyectos y en el paso hacia entornos de desarrollo más completos como VS Code. Exploramos, además, el uso de asistentes de IA integrados al proceso de programación. Trabajamos sobre una pregunta clave: qué datos necesita cada proyecto, qué transformaciones realiza y qué resultados busca producir.
La tercera clase estuvo dedicada a herramientas fundamentales para cualquier proyecto de software: Git, GitHub y el control de versiones. También exploramos nuevas formas de interacción entre modelos de IA y herramientas externas a través de protocolos como MCP, además de conversar sobre identidad digital, dominios y publicación de proyectos.
Finalmente, en el último encuentro abordamos estrategias de despliegue en la nube, documentación, buenas prácticas de desarrollo y sostenibilidad de los proyectos. Hablamos de algo que suele quedar fuera de los cursos introductorios: cómo hacer para que un proyecto siga siendo comprensible, reutilizable y mantenible cuando pasa el tiempo o cuando otra persona necesita continuarlo.
Aprender haciendo
Como ocurre en muchas de las actividades de LAIA, el taller estuvo organizado alrededor de la experimentación. Las clases combinaron momentos de explicación conceptual con espacios de trabajo práctico, intercambio entre participantes y acompañamiento personalizado. Más que seguir ejercicios prediseñados, cada persona avanzó sobre un problema propio. Esto permitió que la programación apareciera como una herramienta situada, vinculada con intereses reales y necesidades concretas.
El resultado fue un grupo heterogéneo en el que convivieron diseñadoras, investigadores, profesionales, docentes, músicos y personas que se acercaban por primera vez al mundo del código. Esa diversidad enriqueció las conversaciones y permitió descubrir que muchas de las preguntas que enfrentamos al programar son, en realidad, preguntas sobre cómo organizamos información y diseñamos procesos.
Los proyectos
El encuentro de cierre estuvo dedicado a compartir los trabajos desarrollados durante el taller. Entre los proyectos presentados hubo herramientas para la gestión de credenciales y automatización de tareas institucionales; sistemas de análisis de incidentes vinculados a inteligencia artificial; exploraciones sobre procesamiento de lenguaje natural orientadas a la enseñanza; aplicaciones para el análisis musical capaces de comparar canciones, identificar géneros y evaluar características sonoras; modelos para apoyar procesos de gestión y evaluación de talento en organizaciones; análisis de bases de datos cinematográficas para estudiar coproducciones latinoamericanas; y plataformas orientadas a fortalecer la vida comunitaria y barrial mediante herramientas de geolocalización y agendas culturales. Más allá de sus diferencias, todos los proyectos compartieron algo importante: surgieron de intereses genuinos y se convirtieron en una oportunidad para aprender programación construyendo algo propio.
Lo que sigue
Una de las conclusiones más valiosas del taller fue comprobar que la inteligencia artificial puede reducir muchas de las barreras tradicionales para iniciarse en la programación, pero no reemplaza la necesidad de comprender los problemas que queremos solucionar ni la importancia de desarrollar criterio técnico. Bien sabemos, además, que la mayoría de las veces terminamos de entender el problema recién cuando lo resolvemos.
En un contexto en el que cada vez más personas interactúan con sistemas capaces de generar código, creemos que aprender a programar sigue siendo una forma privilegiada de entender cómo funcionan las tecnologías que utilizamos todos los días y de ampliar nuestra capacidad de intervenir sobre ellas. Por eso, además de enseñar un conjunto de herramientas de IA concretas, Corte programado buscó ofrecer un punto de partida: un espacio para experimentar, equivocarse, hacer preguntas y descubrir que programar también puede ser una práctica creativa.
La próxima edición del taller será virtual y empieza el jueves 3 de septiembre, de 18 a 20, con cupos limitados. Si te interesa aprender programación desde una perspectiva crítica, práctica y orientada a proyectos reales, acá encontrás más información.